El arraigo

21 01 2012

Image

Foto tomada de Facebook de Naranjo Comunidad

 

Hace unos días vi en el FB de una excompañera del cole una actualización llena de felicidad: “Gané Naranjo! Soy demasiado feliz!”. La chavala es de San Ramón y es microbióloga, por lo que asumo que su felicidad se debe a que ganó algún concurso para trabajar en la Clínica local y que ya eso implica que no tendrá que volver a San José a trabajar y podrá quedarse en su amado Moncho.  Bien por ella, de verdad que sí.

Eso me puso a pensar en la cuestión del arraigo que la gente tiene hacia su pueblo natal. La mayoría de mis compañeros del colegio, que eran de San Ramón, Palmares o Naranjo, salieron a estudiar a San Jose o Cartago pero apenas terminaron se devolvieron corriendo a sus pueblos porque no concebían vivir en otra parte, ya sea porque tienen allí a sus familias, a sus amigos, su entorno conocido y porque en su corazón son pueblerinos y no cambian su pedacito de terruño por las presas, el humo y los estreses de Chepe. Todos, excepto yo, viven alla en aquella zona o lo han hecho de manera sostenida por el mayor tiempo posible. Y creo que la única que no volvió fui yo.

No es porque reniegue de mi pueblo, para nada. Si bien hice toda la escuela y el colegio en San Ramón, y eso me ata inevitablemente tambien a ese pueblo, yo le tengo cariño a Naranjo, con todo y que nunca hice vida social normal ahí. Puedo decir ciertamente que no tengo amigos allí. Tengo algunas amistades, algunos conocidos, y mucha de la familia de mi papá vive allí….aunque de toda esa familia sólo mantengo contacto con dos primas, las hijas de mi tío Alberto (q.d.D.g). Pero aún con eso, uno como que siempre queda amarrado al lugar donde creció durante su infancia y adolescencia. Tengo muchos recuerdos, mas que de gente, del lugar: de sus paisajes, su tranquilidad, su vibra de pueblo, donde uno puede todavía andar a las 10 pm en la calle sin riesgo de que lo asalten (eso se ha ido perdiendo desafortunadamente, tambien en los otrora tranquilos pueblos de Occidente), su clima sabroso, sus tardes de verano, su olor a café durante la época de cosecha, y la sensación de estar en casa, con todo y que uno ya no viva ahí desde hace mucho.

Extraño mucho mi casa. Creo que es lo que más extraño de todo. Está ubicada como a 1 km del centro, por lo que está todo cerca pero al mismo tiempo está lo suficientemente lejos como para sentir que vive uno como una finquita. La propiedad de mi casa es particularmente grande, crecí acostumbrada a tener un gran patio, miles de animales, árboles y plantas rodeándome. Me acostumbré a despertarme oyendo pájaros. Y ahora vivo en un cuadrito, donde tengo a mis bichitos pero medio hacinados y donde lo que me despierta son los motores de los camiones o los carros.

Las tardes de verano en mi casa eran deliciosas. Si no iba a salir, me quedaba tranquila en la terraza leyendo un libro o conversando mi mamá mientras oíamos pájaros y sentíamos el vientito. Nunca hacía calor, porque el poco de árboles siempre mantenía fresca la casa. Al final de la tarde, iba afuera y me ponía a dar una vuelta por el patio, acompañada por los perros y me iba a una parte que era como un pequeño mirador: entre el palo de jocote y el de mangos había un pequeño espacio desde donde se veía la Cordillera Volcánica Central, desde los cerros de Zarcero y el Chayote, pasando por el Volcán Poás, el Barva, los cerros de Zurquí, y al puro fondo el Irazú. También más hacia el oeste se veían los cerros de Escazú. Todo un privilegio. En verano se veian todos los picos despejados, con algunas nubecillas haciendoles escolta…y soplaba este viento tan rico, que uno sentía demasiado oxígeno en los pulmones. Era de mis momentos preferidos de la vida.

El invierno no era problema tampoco. Me quedaba leyendo o simplemente viendo la lluvia caer desde mi cuarto, hasta que me dormía.  El olor a tierra mojada que impregnaba el ambiente me encantaba y hasta el día de hoy ese olor me recuerda a mi casa.

Viví ahi de forma sostenida hasta los 21 años mas o menos. A partir de esa edad empecé a repartir mi tiempo entre Naranjo y San José, por lo menos iba un fin de semana al mes a quedarme allá con mi mamá. Hasta el 2007, en que me fui para Guanacaste y comencé a alejarme más. Al año siguiente volví y siempre seguí yendo, aunque fuera un fin de semana al mes…pero conforme me fui arraigando más en San José y como mi trabajo está por aquí, las visitas se hicieron menos frecuentes. Mi mamá me preguntaba “Cuando viene?” y yo siempre le decia “una día de estos”. Llego el punto en que mi mamá y mi casa eran las únicas razones que yo tenía para volver allá. Luego de que nació mi sobrino mi madre decidió venirse definitivamente a San José, para estar mas cerca mío y de mi hermana, y la casa quedó atrás…no en el olvido, puesto que otra gente vive ahi en estos momentos, pero sí atrás…ya como un recuerdo de mi pasado, como un bien material que todavía es patrimonio de mi familia, pero que ya no es más es lugar donde vivo ni lo será por algún tiempo.

Algunas veces me pregunto si me hallaría viviendo allá de nuevo…mi familia la tengo acá en San Jose, muchos de mis amigos también estan por aca, mi trabajo tambien, así que no lo sé. A veces pienso que si tuviera un trabajo allá que me permitiera sostenerme, en el que no tenga que viajar todos los dias a Chepe o Heredia, como un teletrabajo o una empresita o asi, fijo me devolvería a vivir en mi casa, aun con lo grande que es y lo mucho que puede intimidar tanto espacio. En mi casa perfectamente pueden vivir unas 7 personas sin estorbarse y sin embargo viviamos 4 en el momento en que mas personas viviamos allí. Luego quedó mi madre sola, y si bien ella es muy independiente, se que en algún momento la afectó la soledad y el eco de su voz solitaria en ese lugar. Pero volviendo a la idea, si tuviera de que sostenerme y si no tuviera necesidad de volver de manera constante a la capital, creo que si me iria…aunque como digo, creo, no tengo seguridad de esa afirmación.

Quiero a mi pueblo, quiero a mi casa…pero ya no tengo arraigo. Y por ello queda como un recuerdo bello de mi vida nada más. Quien sabe si mañana volveré a ese pedacito de tierra donde me crié, pero mientras mi hogar es otro.

Advertisement

Acciones

Información

Un comentario

22 01 2012
terox

Yo siempre me he preguntado cómo será vivir en un pueblo… aunque San Ramón ya está bastante crecidito… pero fijo debe tener un “sabor” distinto… desde fuera, pareciera que el tiempo pasa más despacio… que no hay prisa para nada… pero habría que ver si es cierto…

Deja un comentario

Fill in your details below or click an icon to log in:

Logo de WordPress.com

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Cambiar )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Cambiar )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Cambiar )

Connecting to %s




Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.